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Madredeus en México


 
Teresa Salgueiro y Madredeus embrujaron al público cervantino
ELDA MACEDA

GUANAJUATO, Gto., 12 de octubre.- No importaba la lluvia, todos empapados en la explanada de la Alhóndiga permanecían inmóviles, atentos, para continuar, como embrujados, escuchando la agudísima y cálida voz de Teresa Salgueiro, la joven cantante de Madredeus.

Luego del enorme éxito obtenido por los lusitanos en su primer concierto en México -en el Teatro de las Artes de la capital del país, el pasado viernes-, el público cervantino (en su mayoría jóvenes), no tuvieron empacho en custodiar por espacio de 12 horas su lugar en el único escenario de entrada libre del festival, tenacidad que se vio premiada al tener la oportunidad de escuchar al grupo que se hizo famoso en la cinta Historia de Lisboa, del cineasta alemán Wim Wenders.

Contrario a los comentarios en el sentido de que el concierto de Madredeus quizá no gustaría al público de la Alhóndiga, al que se considera más abierto a música más estruendosa, los aplausos y las ovaciones se sucedieron en la sesión pasada por agua.

"¡Bravo Teresa!", "¡te amo!". "¡Cásate conmigo!" y "¡Teresa hazme tuyo!" fueron algunos de los gritos del respetable que eran festejados por todos, incluidos los jóvenes que tomaban nieve de limón o de fresa, con tequila.

Al inicio del concierto, cuando empezó a caer la lluvia, que parecía brisa, Teresa Salgueiro dijo a los presentes: "Sé que ha sido un longo -largo- día. Sentimos placer y una gran alegría porque estamos por primera vez en Guanajuato. Les presentaremos nuestro nuevo repertorio".

Cosas pequeñas, Los días son de noche se sucedieron para luego llegar a La tempestad y más tarde al canto de un ave que anuncia la llegada de la primavera.

Cuando el agua arreció y se convirtió en una lluvia fina pero tupida, llegó la hora de Playa del mar y Canción para los nuevos.

El agua había hecho un gran charco en el escenario a unos pasos de los músicos y de Teresa.

La cantante preguntaba al público: "¿están muy mal en la lluvia?", a lo que se escuchó un "noooo", como rugido. "¡Son muy bravos!", comentó la joven cantante de 26 años.

Poquito antes de las nueve de la noche se soltó un aguacero que inmediatamente mojó a todo mundo, menos a los de la parte privilegiada de la Alhóndiga, muchos de los cuales salieron corriendo entre los chiflidos que provenían de las alturas.

Alborada, El paraíso fueron escuchadas y celebradas por los jóvenes que, a la moda cervantina de este año, lucían cabellos rosa mexicano, amarillos, azules.

Teresa bailó una danza tradicional y los silbidos y aplausos no se hicieron esperar. Luego, en plena lluvia, la joven cantante pidió un aplauso y un momento para que los guitarristas afinaran sus instrumentos, afectados por la humedad de la noche.

Mientras afinaban los músicos, un joven subió de repente al escenario para hincarse y tomar la mano de Teresa y besarla. La cantante, quien se encontraba de espalda, reaccionó con sorpresa, aunque el respetable premiaba con aplausos el atrevimiento del muchacho. Inmediatamente las fuerzas del orden bajaron al muchacho con algo de brusquedad.

Los de Madredeus no tienen en su repertorio ni uno solo de los 300 fados o canciones tradicionales portuguesas que se conocen, sin embargo, la actitud con la que piensan, crean y la emoción con que canta Teresa es la voz fadista, había explicado el guitarrista Pedro Ayres Salgueiro.

Fado, en portugués, quiere ser destino, aseguró el músico, para luego decir que las letras de las canciones que crean hablan de amor, de separación de los que se aman.

Madredeus constituye un homenaje a la forma de la canción tradicional portuguesa de el fado, que requiere una forma de cantar muy especial.

La idea de Madredeus es componer para una voz.

"Cuando conocimos a Teresa nos dimos cuenta de que ella tiene un don de la naturaleza, una voz femenina portuguesa. Para acompañar esta voz en un primer momento escogimos la guitarra, el violoncello, el acordeón y sintetizadores. Más tarde agregamos una guitarra. Recientemente quitamos el cello y el acordeón porque un grupo debe siempre tener una unidad artística. Para nosotros fue aprender a musicalizar con instrumentos diferentes. Ahora sigue siendo una música para la voz. Lo importante sigue siendo la voz de Teresa", explicó Ayres Magalhánes".

Sobre la cinta de Wim Wenders, Adiós a Lisboa, Ayres dijo: "Nos cayó del cielo un realizador como Wim Wenders cuando vino a Lisboa a realizar una película como la que se conoce. Era el año de 1994 y Wenders quería utilizar canciones tradicionales. Yo estaba en una etapa como compositor, estaba haciendo un disco nuevo. Ahí le propuse que el grupo era mejor ahora que al principio y que esas canciones nuevas iban mejor a su cinta y a Lisboa", agregó Ayres Magalhánes.

A la hora de filmar una cinta sobre Lisboa, añadió, Wenders puso mucha atención en el grupo Madredeus.

Ayres comentó que en la música de Madredeus se encuentran las experiencias, como la vida de viajes y todo lo que pasa con la vida del grupo, los sitios donde toca, se encuentran presentes en las canciones que forman parte del repertorio.

Luego de cuatro giras por Japón, dijo, no invitaron a un artista japonés ni tambores japoneses, pero la música de Madredeus llegó a ese público oriental.

El público, hacia el final del concierto de Madredeus, cuando la lluvia había cesado, seguía pidiendo más. "Mi sueño" fue una de las canciones de regalos del disco Paraíso, la nueva producción del grupo que toda la noche recibió la solicitud que se escuchaba en coros "Guitarraaaa".

Un nuevo restaurante en las alturas de los edificios aledaños, las azoteas sirvieron a los aficionados a la música nueva de Portugal para escuchar y ver a Madredeus, el grupo que Wenders ubica en un viejo edificio de Lisboa, desde donde la voz de Teresa Salgueiro recorre la ciudad entera.

Tomado de El Universal.

 

 
Madredeus o en busca de los ecos del fado
 

JORGE CISNEROS MORALES, ENVIADO

GUANAJUATO, Gto., 12 de octubre.-De cómo un concierto acústico mantiene en su lugar a cinco mil asistentes a pesar de la lluvia o Madredeus en la Alhóndiga de Granaditas.

En el concierto del quizá más esperado grupo entre los programados para esta XXV edición del Festival Internacional Cervantino hubo dos constantes: a lluvia que de moderado goteo fue in crescendo hasta convertirse en aguacero y la avalancha de jóvenes que acudieron tras la seducción hecha voz personificada por Teresa Salgueiro.

Concierto acústico a tono con la moda impuesta por las televisoras, que resulta si no decepcionante sí contrario a las expectativas de quienes esperaban escuchar el repertorio del filme Historia de Lisboa en el que un ingeniero de sonido capta el alma de una Ciudad Latina a través de sus ruidos. De manera que quienes acudieron en busca de los ecos del fado, esos que tienen reminiscencias de Pessoa y Camoens y del peculiar estado de ánimo denominado saudade, recibieron alientos de melancolía pero no los proyectados por el cinematógrafo.

No podría decirse que todos los caminos llevarán a la Alhóndiga en la noche del sábado, no obstante, entre las marejadas de jóvenes que tomaron por asalto la ciudad de Guanajuato, un buen número se encaminó a la fortaleza que hizo famosa el Pípila. Y ahí, entre la voz de cristal de la Salgueiro, el desmadre de los chavos que consumieron el tiempo con competencia de porras y la lluvia pertinaz se obtiene una imagen de la peculiar combinación de cultura y entretenimiento que define a este festival.

Mientras del escenario se proyectaban hacia arriba los tonos mesurados de las cuerdas y la voz remitía necesariamente a las tierras mediterráneas del olivo y la vid, arriba, en las gradas, un chavo gritaba como auto de fe: "yo sí me quedo" para reafirmar que no habría lluvia ni poder humano que hiciera desistir a los enamorados de un grupo de moda. Cuando la intensidad de la lluvia hacía prever la suspensión del concierto -de hecho los músicos hicieron un amago de retirada- la perseverancia de la audiencia motivó la continuación del programa, previa reafinación de guitarras y bajo, rubricado todo por la afirmación cómplice de la cantante para un público que aguantaba a pie firme la mojada: "ustedes son bravos".

Aunque las mayorías de baby boomers y miembros de la generación X que incansables aplanan las calles de la ciudad colonial no vinieron con una intención culterana, no faltaron quienes cayeron bajo el embrujo de una agrupación interesada en proyectar una imagen del sonido portugués contemporáneo, más allá de estereotipos. "Nosotros interpretamos una forma moderna de entretenimiento. El fado está compuesto de viejas melodías, algunas de hasta 300 años. Estas canciones son reinterpretadas con nuevas letras mientras que nuestra música es completamente original" ha dicho Pedro Ayres Magalháes, guitarrista y fundador del grupo.

Pero quienes asistieron al concierto al aire libre, el buscado por accesible por los miles de chavos que vienen al Cervantino con ganas inmensas de divertirse y pocos pesos en el bolsillo, no quedaron defraudados. El sentimiento provocado por la conjunción de voz y cuerdas de Madredeus se sintetizaba en la explicación dada por María Esther, una joven que hizo todo el camino desde Tapachula hasta Guanajuato: "Tengo la piel chinita". ¨Causa de la lluvia? No, algo más sencillo, la vieja y siempre presente emoción.

Tomado de El Nacional
 

 

 
 
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