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¿Quién es Madredeus?
 
Formación original:   
    

Teresa Salgueiro, voz    
Pedro Ayres Magalhães, guitarra    
José Peixoto, guitarra    
Rodrigo Leão, teclados    
Francisco Ribeiro, violoncello   
Gabriel Gomes, acordéon


   
 
Formación 1997:   

Teresa Salgueiro, voz    
Pedro Ayres Magalhães, guitarra    
José Peixoto, guitarra    
Carlos María Trinidade, sintetizadores   
Fernando Júdice, guitarra bajo acústica

 
Madredeus, la poética melancolía lusitana

SERGIO MONSALVO C.

Fundado por un rockero portugués que decidió volver a sus raíces nacionales (el guitarrista Pedro Ayres Magalhaes), Madredeus ha conquistado Europa y al resto del mundo con una campaña efectiva y discreta. El grupo pone al día el género tradicional del fado con melodías originales en lugar de las folclóricas, y guitarras ordinarias en lugar de la variante portuguesa con forma de laúd.

Los resultados lindan peligrosamente con la insipidez del new age, pero se salvan de caer en él por sus arreglos diáfanos y con frecuencia preciosistas, a punto del empalago. Sin embargo, la sutil interpretación vocal de Teresa Salgueiro otorga a las poéticas letras la nostalgia melancólica que los portugueses llaman saudade.

Para su reciente película Historia de Lisboa, Wim Wenders recurrió a la ayuda de este grupo. Con ello el cineasta volvió a demostrar tino a la hora de musicalizar una de sus obras. En esta película, Wenders presenta una visión crítica de la apresurada vida de la Lisboa actual, frente al fondo de la rica historia antigua. Para la cinta, el director alemán buscó a alguien capaz de expresar en forma adecuada el sentimiento que se vive en la capital portuguesa. Madredeus fue el grupo apropiado de compositores para su soundtrack, con el cual saltan a la fama internacional. La desolada atmósfera espacial de la obra de Wenders queda perfectamente con la música de Madredeus, tan expresiva como apacible y apasionada. El resultado es un CD hermosísimo, Ainda (EMI, 1994), con una música recogida, pero no por ello desprovista de fuerza, la cual arrebata y tranquiliza al mismo tiempo.

Lo que produjeron no es la música normal de una banda sonora. El sexteto, cuyo etéreo sonido acústico combina elementos de la guitarra clásica con folk mediterráneo, transmite una impresión duradera de la melancolía que priva en la parte occidental de la Península Ibérica. Esta atmósfera fundamental de la metrópoli portuguesa es reflejada en forma soberana y voluptuosa por la elaborada saudade del grupo. La saudade es un sentimiento que se ubica en algún punto entre la nostalgia, la melancolía y la esperanza.

"La saudade es el blues de Portugal -ha explicado Pedro Ayres. Y así de sentida suena su música-. Componemos para películas imaginarias y tratamos de expresar en armonías la áspera belleza de nuestra patria. En la cinta de Wim, nuestras melodías contaron con las imágenes más que adecuadas. Estamos muy orgullosos de esta cooperación". Ainda efectivamente es un álbum extraordinario, el quinto en su haber, una música de este mundo pero apuntando hacia las estrellas.

El eje de sus armonías sin duda lo constituye la voz transparente y con todo misteriosa de Teresa Salgueiro. "Su canto posee una estética inmortal", dijo Wenders al respecto. Las canciones acústicas del grupo, con su sosegado ritmo y lenta cadencia, no requieren de nada más, son como una ligera brisa mediterránea en una noche de verano. De esta forma, Madredeus presenta primorosas fantasías neofolk que acarician el oído del escucha como una exhalación ingrávida, ubicada entre la música popular del Mediterráneo y la guitarra clásica de concierto.

En Madredeus no sólo hay un potencial de variedad en la instrumentación -Francisco Riveiro, cello; Ayres y José Peixoto, guitarras; Gabriel Gomes, acordeón; Rodrigo Leau, teclados, y Teresa Salgueiro, voz-, sino que los integrantes establecen un sólido equilibrio entre la propulsión rítmica y la calma melódica, que a veces evoca a la Penguin Cafe Orchestra. Casi es como si el grupo susurrara secretos demasiado importantes para pronunciarse en voz alta. Esta impresión se refuerza cuando la cantante, en lugar de recortar las sílabas, permite que las palabras surjan de lo apenas audible y luego vuelvan a ello.

Tomado de El Nacional
 


 

Madredeus: placer, intensidad e integridad de un grupo que, con su música, lleva a la reflexión

ENTREVISTA CON PEDRO AYRES

XAVIER QUIRARTE

Madre de Deus es un barrio muy antiguo de Lisboa situado cerca de los puertos. No es un sitio turístico, pero cuenta con hermosos teatros y monumentos históricos. Aquí confluyeron los músicos que, en busca de un sonido propio que los diferenciara del ambiente pop en Portugal, formaron Madredeus. Diecisiete años después, el grupo ha conquistado el mundo con la magia de su música. Recientemente editaron O Paraiso, obra que se suma a una discografía en la que la música convive con la poesía. Si Madredeus comenzaba a conquistar el gusto del público de diversas latitudes, su colaboración con Wim Wenders en Historia de Lisboa incrementó su éxito comercial. Sin embargo el grupo no ha cedido a las tentaciones y mantiene la frescura de su propuesta original, en la que la voz de Teresa Salgueiro convive con las envolventes atmósferas creadas por un grupo de instrumentistas sensibles. En entrevista, Pedro Ayres habla sobre su acercamiento con Wenders, el poder evocador de la música de Madredeus y sus colaboraciones con otros músicos.

 —¿Cómo fue su encuentro con Wim Wenders?

 —Yo era fan de Wenders porque lo conocí con París, Texas y luego con Las alas del deseo. Me gusta mucho su fotografía y cómo trabaja con el espacio y con los actores. La invitación para hacer la música de Historia de Lisboa fue a partir de una empatía personal. Wenders descubrió la música de Madredeus y comenzó a escucharla porque le inspiraba. Esto desembocó en nuestra colaboración. Después de Historia de Lisboa permanecimos como amigos, porque además de ser un gran director de cine es una persona muy interesante para intercambiar ideas. Wenders ha mostrado nuestra música a su público y eso para nosotros ha sido de una gran ayuda.

 —Wenders define el trabajo de Madredeus con tres palabras: placer, intensidad e integridad. ¿Qué piensas al respecto?

 —La intensidad es una particularidad de nuestra música, además de que no cambia con las modas porque no pensamos en el éxito como una prioridad. El éxito es algo que viene después de que componemos. En cierta manera tratamos de ser insensibles a lo que pasa como resultado de la aceptación masiva que hemos recibido. Por otra parte, las influencias de los músicos son cada vez más rápidas, por lo que es difícil mantener una obra propia. Por eso necesitamos concentrarnos en nuestro universo sonoro y poético y continuar algo que pensamos que es original y tenemos el derecho de defender.

 —Hay un remanso de paz en su música. ¿Crees que a la gente le gusta porque busca algo que la alivie de sus penas?

 —En el mundo de hoy hay una necesidad de reflexionar, de contar con algunos valores neoclásicos, de cosas más serias. En nuestros días hay demasiada información, se vive demasiado rápido, y la gente se confunde cuando tiene que escoger entre tanta variedad. Sobre todo en Europa, entre la gente madura hay una necesidad muy grande de reflexionar, de escuchar música más seria.

—Además de una dotación instrumental muy personal, Madredeus tiene en Teresa Salgueiro un sonido distintivo.

 —Tenemos cuatro instrumentos monotímbricos, si incluyes a la voz, y un instrumento politímbrico, el sintetizador, que crea otro ambiente para la música. Es un formato personal que encontramos desde el inicio y que nos gusta porque es original.

 —La voz, aunque cante palabras, por momentos también es como un instrumento.

 —Eso pasa mucho en el disco O espírito da paz. Por ejemplo, hay una canción que se llama O mar, en la que la voz es una extensión tímbrica del sonido del grupo y está en la misma intensidad de los instrumentos, no por encima de ellos. Pero también hay canciones en las que Teresa se asume como una voz, una interpretación encima de los instrumentos. Esta es una experiencia diferente, pero en otras ocasiones la voz está en la misma intensidad que los instrumentos.

 —¿Cómo adviertes la evolución de la voz de Teresa Salgueiro?

 —Teresa tenía una gran dificultad: no le gustaba grabar en estudio. Era una cantante que se daba en los espectáculos, en vivo, al calor de la gente. Eso lo prefiere siempre. Pero en el último disco establecimos un buen ambiente en el estudio y todo salió muy bien. Aunque debo decir que el concierto es muy importante para percibir la sonoridad del grupo y Teresa se siente mejor en un escenario porque es más cálido.

 —La fama conlleva la propuesta de hacer cosas más accesibles. ¿Cómo ha respondido Madredeus al éxito?

 —Bueno, siempre hay sugerencias, pero Madredeus tiene algo muy claro: sabemos que no queremos ceder en algunas cosas. No queremos decir: ahora vamos a ser un éxito retumbante en todo el mundo. Es al contrario. Esperamos que la gente disfrute de nuestras experiencias y de nuestras canciones, pero cuando hacemos música jamás pensamos que será un éxito.

Tomado de La Crónica de Hoy

 
 

 
 
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