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Madredeus en México

Clave y razón de la saudade

GUILLERMO VEGA ZARAGOZA
 

A pesar de su rica y añeja tradición musical, Portugal ha aparecido muy pocas veces en el mapa de las listas de popularidad y los desfiles de éxitos, dominados abrumadoramente por artistas norteamericanos e ingleses y uno que otro colado exótico de otras latitudes. Por ello, incluso para las tiendas de discos (no se diga para algunos apresurados comentaristas musicales) ha sido difícil encasillar la música del grupo portugués Madredeus, el cual saltó a la fama mundial gracias a la excelente película de Wim Wenders Lisbon Story (Historia de Lisboa), en la cual el grupo actuó y realizó la banda sonora que en disco apareció con el título de Ainda (Todavía).

Lo más fácil, para evitarse problemas, ha sido colocarlos en la sección "folclórica". Algunos, queriendo impresionar incautos, los ubican en la línea hereditaria del fado, la tradición musical portuguesa por escelencia. Otros, exagerando de posmodernos, los ponen en la misma canasta "new age", tan amplia que caben huevos tan disímbolos como Enya, Dead Can Dance, Loreena McKennit y un largo etcétera. Y unos cuantos, en actitud de total anemia mental, los catalogan simplemente como "world music" (whatever that means), etiqueta tan indefinida que (si a ésas vamos) los emparenta tanto con los experimentos de Peter Gabriel como con La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio, lo cual resulta un evidente dislate.

Con todo, Madredeus se ha convertido en un verdadero fenómeno de ventas y popularidad a nivel mundial. A partir de Ainda, pero sobre todo de su disco mellizo (ya que los grabaron en las mismas sesiones londinenses) O espirito de paz (El espíritu de la paz) y de su última creación O paraiso (El paraíso), su popularidad ha crecido exponencialmente, a lo cual hay que agregar las intensas giras de conciertos que realizan, presentándose tanto en Europa, Estados Unidos, y desde luego Brasil y Portugal, donde ya son considerados verdaderas estrellas, y hasta Japón, donde han inspirado a un dueto de guitarristas nipones de fado a ponerse el nombre de Padredeus (lo que nos faltaba).

Con estos antecedentes, Madredeus estará nuevamente en México para ofrecer dos conciertos en el Teatro Metropolitan de la capital del país, los días 6 y 8 de mayo, y otro más en el Instituto Cultural de Aguascalientes, luego de que visitaran tierras mexicanas en octubre de 1997 para clausurar el Festival Cervantino en la Alhóndiga de Granaditas, con un éxito abrumador, y dar un recital casi clandestino en el Centro Nacional de las Artes, para el cual los boletos se agotaron inmediatamente.

¿Neofado o sólo música moderna?

Es indudable que las aguas de las que abreva principalmente la inspiración de Madredeus es el fado, la música popular tradicional de Portugal por excelencia, con probables raíces en la música de los esclavos africanos llevados a Brasil, en las melodías árabes y en las canciones de los marineros portugueses. El cantante, el fadista, vestido de negro, es acompañado por dos guitarras de fado (o guitarra portuguesa, con forma de laúd) y una guitarra tradicional de seis cuerdas, con lo que se entonan melodías melancólicas y sombrías, generalmente con temas de frustración y fatalismo amoroso. De hecho, fado quiere decir fatalidad, destino. Hay dos tipos de fado, provenientes de barrios tradicionales de Lisboa: el fado de Alfama, que es más personal y lleno de sentimiento, y el fado de Coimbra, que es más académico y purista, sobre todo porque respeta las tradiciones de las antiguas ciudades universitarias. Además, la guitarra de Coimbra es un poco más grande que la de Lisboa, y por ello tiene un sonido más grave.

Desde el inicio, Pedro Ayres Magalhaes, líder y director indiscutible de Madredeus, establece que sus arreglos instrumentales están inspirados en la música popular portuguesa y que intentan recuperar el gusto y el interés por el canto en lengua portuguesa. "Nuestras canciones nacieron casi como improvisaciones, fueron creadas con calma, algunas comenzaron como ejercicios para el perfeccionamiento instrumental de todos nosotros. En nuestros espectáculos queremos reducir la tensión existente entre el público y los músicos. Queremos tiempo para crear la música en el escenario y para que las personas nos acompañen en esa creación", decía entonces Pedro Ayres.

No obstante, resulta evidente que Madredeus trasciende la estructura musical del fado, al enriquecer su sonido con teclados, acordeón, cello y sintetizador. De hecho, varios de sus temas son fados tradicionales con arreglos modernos, adecuados a estos instrumentos. "Lo que hacemos -ha dicho Ayres Magalhaes- es similar al fado en la forma en que nos colocamos en el escenario, con la cantante en medio y los músicos en semicírculo alrededor de ella. Pero así también se presentan los grupos de cámara. Nosotros interpretamos una forma moderna de entretenimiento. El fado consiste en viejas melodías, algunas hasta con 3OO años de antigüedad. Esas canciones se reinterpretan con nuevas letras mientras que nuestra música es original. Además usamos instrumentos diferentes a los del fado, porque queremos evitar malos entendidos y confusión entre nuestro naciente estilo y la tradición del fado. Aunque creemos que la guitarra portuguesa quedaría bien con el resto de la instrumentación, para Madredeus fue más fuerte la búsqueda de un espacio más abierto y de un sonido moderno. Intentamos crear una nueva manera de expresar -al cantar e interpretar- el mismo mundo de sentimientos que el fado".

Aunque algún despistado comentarista ha dicho que los discos de Madredeus "lindan peligrosamente con la insipidez del new age, pero se salvan de caer en él por sus arreglos diáfanos y con frecuencia preciosistas, a punto del empalago", lo cierto es que en esta búsqueda por una expresión única y más abierta el sonido y el estilo del grupo integra múltiples influencias, que van desde el flamenco, el tango y el blues (con los que el fado conserva evidentes vasos comunicantes), hasta la música barroca, el jazz, el rock, el pop y hasta el reggae.

Desde luego, el sello distintivo de Madredeus es la extraordinaria voz soprano de Teresa Salgueiro. Poseedora de una extraña y serena belleza, y una subyugante presencia escénica, los entusiastas no han tardado en declararla heredera de Amalia Rodrigues, la fadista por excelencia y auténtico símbolo de Portugal. La verdad es que la voz de la cantante se ha fusionado a la perfección con la instrumentación y las letras de las canciones, la mayoría de ellas compuestas por Pedro Ayres, que tienen una evidente intención minimalista, muy emparentada con el hai-ku, por lo que no resulta sorpendente el éxito que han tenido en Japón.

Esta fusión se refleja sin duda en un ejemplo puesto por el mismo Ayres Magalhaes: "El grupo trata de reproducir el movimiento de las olas cuando Teresa canta la palabra mar en 'O mar', y el sonido de las gotas de agua cuando canta la palabra ainda (todavía)" Y apunta: "Tenemos cuatro instrumentos monotímbricos, si incluyes a la voz, y un instrumento politímbrico, el sintetizador, que crea otro ambiente para la música. Es un formato personal que encontramos desde el inicio y que nos gusta porque es original. La voz es una extensión tímbrica del sonido del grupo y está en la misma intensidad de los instrumentos, no por encima de ellos. Pero también hay canciones en las que Teresa se asume como una voz, una interpretación encima de los instrumentos. Esta es una experiencia diferente, pero en otras ocasiones la voz está en la misma intensidad que los instrumentos".

Los días de Madredeus


Cuenta Jorge P. Pires en su libro Um Futuro Maior  (Un futuro mejor), biografía autorizada del grupo editada en 1995, que en los meses de junio y agosto de1985, Pedro Ayres Magalhaes, bajista del grupo Héroes del Mar (que se encontraban en el apogeo de su éxito local) y Rodrigo Leao, también bajista de la Séptima Legión, estaban muy aburridos del panorama de la música pop lusitana y querían hacer "otro tipo de música". En un periodo de descanso de sus repectivas bandas, se reunieron para componer temas con guitarras acústicas. A estos ensayos improvisados, se unió Gabriel Gomes, también acordeonista de la Séptima Legión. Al escribir las letras para las nuevas canciones, Pedro se imaginò "una voz" que las pudiera cantar,  pero que no encontraría sino hasta el año siguiente.

En octubre de 1996, Pedro Ayres invita a su amigo el chelista Francisco Ribeiro a unirse a la incipiente banda, que aún anda en busca de cantante, ya que las audiciones con diferentes candidatas no satisfacen sus expectativas.  Hasta que una noche, Rodrigo y Gabriel visitan el bar lisboeta de Barrio Alto (aquél al que daba la ventana del cuarto de hospital en el que murió Fernando Pessoa), donde les atrae la voz de una joven, casi adolescente, que se pone a cantar un fado en la mesa donde departe con sus amigos. La voz pertenecía, adivinaron, a Maria Teresa Salgueiro, de apenas 17 años, a la que invitan a una audición para mostrarle los temas en los que ya llevaban trabajando más de un año. Graban algunas canciones y esperan el regreso de Pedro, que se encontraba de viaje por Brasil en ese entonces. Al escuchar el cassette, Pedro queda gratamente sorprendido por la voz de Teresa y así empiezan a ensayar en un local totalmente inadecuado, sobre todo por el inclemente invierno lisboeta. Así se cambian a otro lugar, al antiguo Convento da Madre de Deus, en Xabregas, al oriente de la ciudad. Durante los ensayos nocturnos, reciben la visita de amigos que se echan el palomazo y opinan y participan en la concepción de las canciones, en un ambiente de "taller musical" que les sirve para ir puliendo sus ideas y su estilo. Como el grupo todavía no tiene nombre, todos se refieren a estas reuniones por el nombre del local que las alberga, "Madredeus",  y así bautizan al grupo.

En tanto Pedro hace circular cintas con canciones del grupo hasta que convence a los responsables de Valentim de Carvahlo, la compañía que publicaba los discos de Héroes del Mar y la Séptima Legión, para que editen la primera producción de la nueva banda, a la que le han añadido el sonido de un tímido sintetizador. Debido a la gran identificación alcanzada entre los músicos y la cantante, deciden grabar en el mismo local de ensayos del convento, en lugar de esperar a que les asignen un estudio disponible. Pedro convence a la compañía de discos y en los días finales de junio de 1987 graban 19 temas, en una consola digital de dos pistas, tocando en vivo y con los músicos descalzos y con almohadas debajo de los pies para evitar cualquier ruido, aunque tienen que interrumpir la grabación cada vez que pasaba un automóvil. Al finalizar noviembre, Madredeus ofrece sus primeros conciertos en Porto y Lisboa. En esta última ciudad, una falla en el sistema de amplificación a la mitad del recital, obliga que el resto del concierto los 1,500 asistentes guarden absoluto silencio y queden embelesados con la voz de Teresa y el talento de los músicos. En la primera semana de diciembre de ese año aparece por fin su primer disco, un álbum doble con 16 canciones, titulado Os dias da Madredeus.

Durante los dos años siguientes, el grupo es sumamente solicitado para ofrecer conciertos en las principales ciudades portuguesas, creando una amplia base de admiradores locales. A finales de 1989, cambian su lugar de ensayos del Convento da Madre de Deus por el de la Colectividad de Santa Catarina, junto al Castillo de San Jorge, que tiene una magnífica vista de la ciudad de Lisboa y del rio Tajo. Entre febrero y  abril del año siguiente, graban su segundo disco, Existir, en los estudios Namouche, de Lisboa, y la canción "O pastor" ocupa el primer lugar de popularidad en la radio de Portugal. En mayo ofrecen un concierto en Viena y en 1991 se embarcan en su primera gira internacional por Europa y Brasil, que los llevaría en 1992 hasta Japón. Antes de Navidad, aparece el disco doble en vivo titulado simplemente Lisboa, grabado en el Coliseu dos Recreios de la capital lusitana. En 1993 siguen con una gira internacional áun más amplia, por lo que la compañía de discos EMI decide lanzar al grupo al circuito discográfico mundial. En junio tocan en Lisboa ante 50,000 personas en un estadio de futbol durante el festival "Portugal en vivo".

El año de 1994 es de la internacionalización definitiva del grupo. A finales de enero, luego de unas merecidas vacaciones de apenas dos semanas, se reúnen en el local de ensayo de la casa de Gabriel Gomes para trabajar en los nuevos temas. Allí se les une José Peixoto, otro guitarrista. Wim Wenders se acerca a Pedro y le propone que el grupo toque un par de temas para la banda sonora de su nueva película, que filmará en Lisboa. En marzo, los músicos viajan a Inglaterra para conocer los estudios Great Linford Manor, ubicados en la campiña inglesa. Allí, además de los nuevos temas, empieza a tomar forma la música para la película de Wenders, quien les propone que además aparezcan en el filme interpretando los temas. Terminan las grabaciones en los estudios Lansdowne Recording Studios el cinco de mayo, y regresan a Portugal no con uno sino con dos discos, lo que toma por sorpresa a su compañía discográfica: O espírito da paz, que EMI decide editar por primera vez en Estados Unidos, y Ainda, cuya aparición se retrasará para coincidir con la premiere de la película Historia de Lisboa..

A mitad de otra exitosa gira europea, Rodrigo Leao decide abandonar el grupo y es sustituido por Carlos Maria Trinidade, que se acopla de inmediato para una nueva serie de presentaciones en España y una apoteósica gira por Japón. Para la Navidad, todos los discos de Madredeus se encuentran en el Top 20 de Portugal, hecho inédito en la historia discográfica de ese país. En enero de 1995, filman con Wenders dos videoclips de canciones de Ainda, que aparecerá hasta marzo, simultáneamente al estreno de la película. Todo el año lo tendrán ocupado por conciertos en Europa, Japón, Brasil y Portugal.

En 1996, entran en pláticas para renovar su contrato con EMI-Valentim de Carvalho, las cuales se prolongan durante tres meses, lo que da lugar a especulaciones sobre el fin de la agrupación. Finalmente, deciden tomarse el resto del año como sabático. Hasta febrero de 1997 inician los ensayos en el Centro Cultural de Belém, para trasladarse en mayo a los estudios de Paço de Arcos, en los alrededores de Lisboa. Pero un mes después, Gabriel Gomes y Francisco Ribeiro deciden abandonar el grupo. Pedro invita entonces a su amigo el bajista Fernando Júdice a unirse a la banda. En julio, la nueva formación viaja a Italia para una serie conciertos y grabar en agosto, en los Condulmer Recording Studios, las canciones de O paraíso, su primer disco con distribución mundial. En octubre viajan a América para presentarse en México, Estados Unidos y Canadá. Para 1998 pleanean otra gigantesca gira mundial, que sólo interrumpirán para presentarse como atracción musical principal de la Expo Lisboa 98.

Los rostros de Jano

Con O paraiso, Madredeus continua la línea iniciada con O espirito da paz, con un sonido más pulido e instrumentaciones más sencillas, prescindiendo incluso del cello y el acordeón, para privilegiar las atmósferas creadas con el sintetizador. De hecho, Ainda y O espirito... pueden ser considerados como verdaderos rostros de Jano. Ainda mira hacia el pasado, no sólo del propio grupo sino de la música portuguesa, ya que incluso adaptan letras de fados tradicionales. Esto es comprensible si se toma en cuenta el tono que busca imprimir Wenders a la película que musicaliza Madredeus.

En cambio, O espirito... está dirigido hacia adelante, con arreglos sospechosamente colindantes con la canción pop, a pesar de la evidente manifestación de maestría del "Concertino" inicial. Escúchese, si no, "Os senhores da guerra", emparentada no sólo en el título con Bob Dylan, pues representa un verdadero retrabajo y pulimento de un tema que ya se antojaba demasiado manido. De ahí que las canciones de O paraiso sean más accesibles y que la voz de la Salgueiro haya bajado unos cuantos tonos, con menos recurrencia a las notas agudas. La muestra de que la simplicidad parece haber sido una buena apuesta se refleja en las altas ventas del disco, que explora nuevas atmósferas y tesituras, menos arriesgadas.

Sobre la posibilidad de que este nuevo rumbo musical se deba a presiones o "sugerencias" para hacer más accesible su sonido para el gran público, Pedro Ayres ha sido puntual: "Bueno, siempre hay sugerencias, pero Madredeus tiene algo muy claro: sabemos que no queremos ceder en algunas cosas. No queremos decir: ahora vamos a ser un éxito retumbante en todo el mundo. Es al contrario. Esperamos que la gente disfrute de nuestras experiencias y de nuestras canciones, pero cuando hacemos música jamás pensamos que será un éxito".

En una entrevista concedida en su anterior visita a México, Pedro Ayres señaló que "la intensidad es una particularidad de nuestra música, además de que no cambia con las modas porque no pensamos en el éxito como una prioridad. El éxito es algo que viene después de que componemos. En cierta manera tratamos de ser insensibles a lo que pasa como resultado de la aceptación masiva que hemos recibido. Por otra parte, las influencias de los músicos son cada vez más rápidas, por lo que es difícil mantener una obra propia. Por eso necesitamos concentrarnos en nuestro universo sonoro y poético y continuar algo que pensamos que es original y tenemos el derecho de defender".

Aunque parece ya un lugar común referirse indiscriminadamente a cualquier expresión artística portuguesa como manifestación de la indefinible saudade, lo cierto es que el arte de Madredeus es una inmejorable muestra de ese sentimiento de añoranza, nostalgia y desesperanza. Pedro Ayres explicó que "en el mundo de hoy hay una necesidad de reflexionar, de contar con algunos valores neoclásicos, de cosas más serias. En nuestros días hay demasiada información, se vive demasiado rápido, y la gente se confunde cuando tiene que escoger entre tanta variedad. Sobre todo en Europa, entre la gente madura hay una necesidad muy grande de reflexionar, de escuchar música más seria". La saudade, ha dicho Pedro Ayres, "es un estado en el que una persona se permite experimentar sentimientos contradictorios o cultivar pensamientos poco ortodoxos acerca del amor, de la vida y del tiempo. Para Madredeus, la saudade es la clave y la razón por la que hacemos música".
 
 

Este artículo apareció en el semanario etcétera


 

 

 
 
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